Vinos de Jerez
El vino de Jerez es, sin duda, uno de los tesoros enológicos más singulares del mundo. En nuestra tienda seleccionamos joyas de la zona que representan la maestría del sistema de criaderas y soleras, ofreciendo desde la punzante frescura de la crianza biológica hasta la complejidad oxidativa de los vinos con más solera del Marco de Jerez.
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La singularidad técnica del Vino de Jerez
Lo que diferencia a un vino de Jerez de cualquier otro es su método de elaboración único. A diferencia de la estructura de los vinos rioja o la potencia de los vinos ribera del duero, este vino generoso desarrolla matices inigualables gracias al velo de flor y al tiempo de reposo en botas de roble americano.
Variedad de estilos en nuestra bodega online
Al comprar vinos de Jerez en nuestra web, accedes a un abanico de sabores que van desde los vinos de Jerez finos, ideales para el aperitivo, hasta la densidad y los aromas tostados de los vinos olorosos de Jerez. Estas botellas son el complemento perfecto para elevar nuestros packs gourmet, convirtiendo cualquier degustación en una experiencia profesional.
¿Qué diferencia hay entre los vinos finos y los olorosos?
La diferencia está en la crianza. Los vinos de Jerez finos envejecen bajo el "velo de flor" (una capa de levadura que los protege del aire), lo que los hace muy secos y punzantes. Los vinos olorosos de Jerez, en cambio, tienen una crianza oxidativa en contacto directo con el aire, lo que les da ese color oscuro y aromas a frutos secos y madera.
¿Por qué comprar vinos de Jerez para acompañar la comida?
Porque son los reyes del maridaje. Un fino va de maravilla con el jamón y los mariscos, mientras que un oloroso aguanta perfectamente platos potentes como carnes de caza o quesos muy curados. Decidirse a comprar vinos de Jerez es abrir la puerta a sabores que limpian el paladar y potencian cada bocado.
¿Cómo debo conservar el vino de Jerez una vez abierto?
Los finos y manzanillas son más delicados y conviene tomarlos en unos pocos días manteniéndolos en la nevera. Sin embargo, los vinos con más cuerpo, como los amontillados o los olorosos, aguantan mucho mejor el paso del tiempo una vez abiertos gracias a su grado alcohólico, pudiendo disfrutarlos durante varias semanas.
¿A qué temperatura se deben servir estos vinos?
Para disfrutar de todos sus matices, los finos se sirven muy fríos (entre 6 y 8 grados). Para los olorosos y amontillados, te recomendamos subirlos un poco, entre los 12 y 14 grados, para que el frío no esconda sus aromas complejos a tostados y maderas nobles.